Cine Clasico

Los cañones de Navarone

Los cañones de Navarone (The Guns of Navarone, Estados Unidos, 1961) es un film bélico épico basado en la novela de Alistair MacLean. Está dirigido por J. Lee Thompson y producido y escrito por Carl Foreman para Columbia Pictures. Lo más recordado de su equipo es, por supuesto, su elenco: Gregory Peck, David Niven, Anthony Quinn, Stanley Baker, Anthony Quayle, James Darren, Irene Papas y Gia Scala. También tiene breves papeles de James Robert Justice y Richard Harris. Fue un éxito descomunal en su momento y en la taquilla sólo fue superada finalmente por Amor sin barreras. Tuvo seis nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película, mejor director y mejor guión adaptado. Sólo ganó el premio a los mejores efectos especiales.

En 1943, las potencias del Eje planean un ataque contra la isla de Keros, donde se encuentran atrapados 2.000 soldados británicos, el objetivo es convencer a la neutral Turquía para que se una a su bando. El rescate por parte de la Marina Real se ve impedido por dos enormes cañones de gran calibre dirigidos por radar situados en la isla de Navarone. Los bombardeos aéreos no logran destruir las piezas de artillería, por lo que la Inteligencia Aliada asigna una unidad de comandos para infiltrarse en Navarone y destruirlas. El equipo, liderado por el mayor Roy Franklin (Anthony Quayle), está compuesto por el capitán Keith Mallory (Gregory Peck) —exespía y oficial del Grupo del Desierto —; el coronel Andrea Stavros (Anthony Quinn), del ejército griego; el cabo John Miller (David Niven) —amigo de Franklin, experto en explosivos y profesor de química—; el greco-estadounidense Spyros Pappadimos (James Darren), natural de Navarone; y Casey “El Carnicero de Barcelona” Brown (Stanley Baker), ingeniero y experto en combate con cuchillo. Desde el inicio de la misión, las fuerzas aliadas la consideran imposible, pero con tantas bajas en las fuerzas, no tienen opción más que arriesgarse una vez más.

La mezcla de cine bélico, épico, aventuras y drama está armada para lograr escenas memorables a medida que avanza la misión. La fama gigante de la película se va entendiendo a medida que se suceden esas escenas. Todavía no estamos en la era post James Bond, dónde la acción se debe volver constante, por lo cuál hay espacio para el drama y los conflictos morales de los personajes. Al equipo mencionado se le sumarán, ya en Grecia, dos miembros de la resistencia —María (Irene Papas), la hermana de Spyros, y su amiga Anna (Gia Scala) —, quien ha sido torturada por los alemanes antes de escapar. Este agregado de personajes femeninos no está en la novela, pero le agrega todavía más drama a la historia.

En la película hay muchos temas que conviven con la indiscutible espectacularidad de las escenas de acción. Stravos ha prometido que matará a Mallory al terminar la guerra, debido a que considera que una decisión de él le ha costado la vida a su familia. Otro tema es la amistad y la lealtad, algo que se vuelve intolerable cuando deben decidir qué hacer cuando uno de los miembros del equipo es herido. Y así hay otras situaciones que podrían considerarse el corazón moral de la película, mientras que el espectáculo es el corazón cinematográfico.

Gregory Peck creía fervientemente que se trataba de un film antibelicista y un poco lo decepcionó que la mayoría no lo notara así. Carl Foreman, un hombre de izquierda, prohibido en la década anterior, fue el responsable de los guiones de A la hora señalada (1952) y El puente sobre el río Kwai (1957), con lo cual se esperaba también ese costado ideológico más fuerte.Lo cierto es que vista hoy la película sí contiene el drama moral y la mirada amarga sobre las decisiones de guerra. Se da incluso un margen para mostrar dichas diferencias y conflictos no solo en los protagonistas, sino también en los villanos, dónde hay objetores de ciertas decisiones. La complejidad está, pero la aventura es mucho más espectacular. El elenco está tan bien como cualquiera puede imaginar y no necesita aclararse que todos están a la altura de su leyenda. El director, J. Lee Thompson, supo tener una filmografía despareja, pero este es por lejos uno de sus mejores títulos. La película, curiosamente, tuvo una secuela en 1979 llamada Fuerza 10 Navarone, protagonizada por Robert Shaw, Edward Fox, Franco Nero, Harrison Ford, Carl Weathers y Barbara Bach. La secuela fue un plan en 1967, con Gregory Peck y David Niven repitiendo sus roles, pero los años pasaron y los actores ya no tenían edad para esos roles. Esta segunda parte, a pesar de no ser mala, no se acerca para nada a Los cañones de Navarone, uno de los clásicos más queridos de su época.