Peliculas

Maestro

De: Bradley Cooper

Maestro (2023) es la biografía cinematográfica del compositor, pianista y director de orquesta Leonard Bernstein. Está dirigida y protagonizada por Bradley Cooper y es su gran apuesta para obtener, al menos, un reconocimiento como actor. La temporada de premios es muchas cosas, pero por encima de todo es una cada vez menos sorprendente época de búsquedas desesperadas y largometrajes hechos con la única finalidad de ganar premios. Los hay buenos, malos y feos, la mayoría, irrelevantes. Cuánto más se nota la especulación, menos simpáticas y tolerables son las películas. Una película hecha para los premios sólo se salva cuando es buena. Cuando es mala pero efectiva, recibe atención por un buen rato. Cuando no es buena y no logra su objetivo, es un artefacto y ridículo que pasa al olvido a toda velocidad. Un último grupo son las que son buenas pero ignoradas por todos los premios del mundo. A veces uno quisiera que no existieran los premios, así los cineastas podrían concentrarse sólo en la película y dejar de hacer tantas tonterías por debajo incluso de su propio talento.

De la misma forma que las películas deberían no especular, nuestra mirada sobre ellas tampoco debería hacerlo, el ejercicio más difícil es desprejuiciarse durante la temporada. Este largometraje narra en 130 minutos parte de la vida de Leonard Bernstein (Bradley Cooper) a partir de su primera oportunidad de dirigir la Orquesta Filarmónica de Nueva York como reemplazante, cambiando para siempre su vida y la de la música en Estados Unidos. Luego sigue su carrera profesional y al mismo tiempo de su vida privada, particularmente su matrimonio con la actriz Felicia Montealegre (Carey Mulligan), los hijos que tuvieron juntos y las tensiones provocadas por la bisexualidad de Bernstein no abiertamente declarada al mundo. Hasta acá, todos los ingredientes para ganar unos cuantos premios en la temporada que premia al año 2023.

La película mezcla el blanco y negro y el color, un recurso bastante conocido para las biografías que aquí resulta elegante y sin mayores sobresaltos, salvo por alguna escena saturada y absurda en el epílogo del largometraje. No tiene justificación alguna, pero siempre queda fino hacer esas cosas y la película se da aires de ser artística y sofisticada aún sin serlo. De paso asegura más nominaciones y premios para el encargado de la fotografía. La música, claro, es de Leonard Bernstein y la película intenta incorporarla dándole imágenes que la expliquen o la justifiquen. Queda claro que la música es mejor que la película, pero al fin y al cabo ambas se suman. Muchos cineastas, como Martin Scorsese, Wes Anderson les han dado a las partituras de Bernstein un acompañamiento visual mucho más notable que el que se ve acá, dónde queda obligada a explicar cosas. Si se los compara con ellos, Bradley Cooper como director hace un trabajo bastante mediocre. A pesar de algunos esfuerzos visuales para mostrar que está detrás de cámara, no sólo delante. Nada está realmente justificado y en más de un momento parece bastante arbitrario a punto tal de llamar la atención.

La película Maestro está producida por Steven Spielberg y Martin Scorsese, dos realizadores que en algún momento estuvieron a punto de dirigir la película. Spielberg le dio la aprobación al protagonista, Bradley Cooper, que también está entre los productores, para que fuera finalmente el director. Bradley Cooper ya había mostrado oficio en su ópera prima como realizador Nace una estrella (2018). No hay forma de saber qué hubiera hecho Steven Spielberg en su lugar, pero a juzgar cómo se acercó a uno de los trabajos previos de Leonard Bernstein, West Side Story (2021) todo hace sospechar que hubiera sido mejor que lo que hace Cooper. Ni hablar de Martin Scorsese, un director que ha mezclado música y cine como pocos en toda la historia del cine americano. Bradley Cooper, poco a poco, construye una carrera como director, además de actor, productor y guionista, pero todavía le falta una identidad más contundente. Su pasión por el proyecto y su propia actuación delatan que se tiene mucha fe. El clímax de la película es un esfuerzo sobrehumano para demostrar que él y Bernstein son idénticos. La imitación por encima de la actuación.

Cooper es uno de los favoritos de los premios. Más de diez nominaciones al Oscar lleva acumuladas, cinco de ellas como actor, cinco como productor y dos como guionista. ¿Cuántos de los actores nominados y ganadores del Oscar de los últimos veinte años obtuvieron su reconocimiento por interpretar a personas de la vida real en films biográficos? Les ahorro la cuenta: demasiados. Es como si la industria, no sólo el Oscar, fuera incapaz de saber si le gusta una actuación que no puede compararse con un rostro que existe en la realidad. Cooper se lanza a la batalla por hacer una buena actuación y a la vez una buena imitación, con resultados desparejos, pero listo para ser premiado. Cómo dato de color y ejemplo del mundo disparatado en el cuál vivimos un debate insólito surgió por el maquillaje, puntualmente por la nariz del protagonista. En un mundo con el resurgimiento del antisemitismo, esta película no merece bajo ningún concepto ser puesta en esa misma bolsa. Lo maquillaron para que se parezca a Leonard Bernstein y lo lograron, fin del debate. La familia del músico lo respaldó, pero con el sentido común debería haber sido suficiente.

Los mejores momentos de Maestro son aquellos donde se logra ver en imágenes sin estridencias los conflictos de los personajes. Son tan sólo instantes, planos, pero allí el director consigue explicar mejor las angustias del artista y del hombre. Esclavizado por las necesidades de la producción industrial, Bradley Cooper cede demasiadas veces a la tentación del camino fácil y abandona el costado más sutil en inteligente. No lo hace por error ni maldad, seguro cree en lo elige, aunque le termine jugando en contra en lo artístico y a favor en el recibimiento. Todas las épocas tuvieron biopics que encajaban con la ideología del momento y esta también lo hace. El azar absurdo de los premios colocó a Maestro a competir justo con Oppenheimer, cuya potencia y presencia cinematográfica es mucho mayor y a la vez cumple con las reglas de las biografías premiables. Hoy compiten, pero en diez años se podrá ver con mayor claridad que películas son productos efímeros y cuáles han quedado en la historia.