Pepe (Estados Unidos, 1960), dirigida por George Sidney, es una gran producción al servicio de Cantinflas, la gran estrella del cine de México. Luego de dos décadas de carrera en su país, le había llegado su momento internacional al protagonizar, junto a David Niven, La vuelta al mundo en ochenta días (Around the World in Eighty Days, Estados Unidos, 1956) de Michael Anderson, el clásico basado en la novela de Jules Verne. El éxito de taquilla y hasta el Oscar a mejor película, mostraron que Cantinflas podía formar parte de Hollywood sin problemas. Esta vez, en Pepe, él sería el protagonista, seguido por Dan Dailey y Shirley Jones. Aunque no era una aventura al estilo de su gran éxito en inglés anterior, la película terminó siendo una producción enorme con 35 estrellas invitadas, como anunciaba su afiche.
La situación era diferente a la de La vuelta al mundo en ochenta días, dónde la novela de Jules Verne había sido modificada, principalmente, para darle protagonismo a su personaje. En Pepe el protagonista es directamente Cantinflas y todo está a su servicio. ¿Pero realmente lo está? El gran problema de la película es justamente ese. Mientras que el relato gira en torno a su personaje, al mismo tiempo parece una cabalgata de estrellas que unas décadas atrás hacían los grandes estudios para mostrar todo lo que tenían para ofrecer en su catálogo. Quizás porque el éxito de los cameos en La vuelta al mundo en ochenta días fue tan grande, repitieron la fórmula pero con resultados muy diferentes.
Pepe (Cantinflas) es un trabajador contratado en un rancho. El Sr. Ted Holt, un director de Hollywood, compra a Don Juan, un semental blanco que pertenece al jefe de Pepe. Pepe, decidido a recuperar el caballo, al que considera como a un hijo, decide viajar a Hollywood para estar cerca de Don Juan. Allí conoce a un número gigante de estrellas de cine, con Bing Crosby, Jack Lemmon, Greer Garson, Janet Leigh, Tony Curtis, Kim Novak, Debbie Reynolds, Donna Reed y muchas otras. A Pepe le cuesta conseguir trabajo, hasta que Holt descubre que el caballo está mejor cuando Pepe está cerca. En el camino conoce a una extra, Suzy (Shirley Jones) con quién entabla una amistad y se enamora en secreto. Pepe consigue que Suzy conozca a Ted para que le consiga trabajo, sin calcular que entre Suzy y Ted pueda surgir el amor.
Los cameos desaforados y completamente injustificados se suceden, logrando una escalada más divertida al viajar Pepe a Las Vegas junto a Holt y arrasando sin proponérselo en el casino. Allí aparecen el Rat Pack completo, Fran Sinatra, Dean Martin, Peter Lawford, Sammy Davis Jr. y Joe Bishop. Son escenas mejor armadas y divertidas que las previas, pero extienden la trama más de lo suficiente. Lo que podría haber sido una historia muy simple de noventa minutos se transforma entre cameo y cameo en un largometraje de tres horas. El experimentado y siempre listo para todo director George Sidney es el encargado de intentar darle forma a una película filmada en dos países y con muchos problemas de logística.
Hay números musicales completamente forzados en los cuales Cantinflas simplemente está sentado mirando. Su existencia es para que el público vea (o escuche, como es el caso de Judy Garland) a sus estrellas. Janet Leigh y Tony Curtis son más aprovechados y Edward G. Robinson tiene más peso en la trama. De todos los cameos, algunos absurdos, el más curioso es el de Jack Lemmon caracterizado como Daphne en la película Una Eva y dos Adanes (Some Like It Hot, 1959) de Billy Wilder. Es la única chance de ver al personaje en colores, ya que la película era en blanco y negro. Tampoco falta en la película el momento en la Plaza de toros, donde Cantinflas despliega todo su conocimiento en toreo cómico, algo que había hecho fuera de la pantalla y que realizó nuevamente en cuatro de sus películas. Es un difícil paso de comedia que requiere conocimiento y habilidad de toreo y que no incluye lastimar al toro. Es el verdadero Cantinflas el que vemos en la pantalla.
Vista hoy Pepe tiene un enorme valor documental por el despliegue de estrellas y la mencionada escena en la plaza de toros. Se excede en cameos y números musicales, lo que rompe la simpleza de la historia que la película narra. Cantinflas brilla cada vez que puede y tiene grandes momentos. Cualquier amante del Hollywood clásico sentirá enorme placer al ver la película y los fans de Cantinflas podrán sentir que es excesivo el estereotipo mexicano que muestra, pero al fin y al cabo es un homenaje. Es muy difícil el equilibrio entre sí la película es un acto de amor de Hollywood a la mega estrella mexicana de proyección internacional o si es esta la que se rinde a los pies de la industria más grandes del mundo. En cualquier caso, la película fracasó en la taquilla y ese fue el final de la carrera de Cantinflas a Estados Unidos. Volvió a México y desde ahí siguió siendo el número uno de su país y conocido en el resto del continente.

