Norm: La historia de Norm Macdonald (Norm: The Tale of Norm Macdonald, Estados Unidos, 2026) es un documental dirigido por Judd Apatow. Un homenaje inteligente y muy divertido a uno de los comediantes más singulares que pasó por Saturday Night Live. El acierto inicial es confiar, por supuesto, en el propio Norm y su irresistible humor brillante y sorprendente. La película se arma con material de archivo, fotos personales y videos caseros aportados por fans y amigos, y se organiza como un recorrido por todo lo que existe de Norm en internet, a la manera de una búsqueda que lleva de un hallazgo a otro. Después de todo, es en las redes sociales donde hoy disfrutamos una y otra vez viendo al gran Norm en sus momentos más memorables.
Desde el primer minuto uno ya está riéndose a carcajadas. Apatow entiende que hay tanto material excelente que lo mejor que puede hacer es curarlo, conectarlo y darle orden, poniendo algunas líneas narrativas que atraviesan toda la película y le dan algo así como una estructura que es la única reflexión final sobre este genio de la comedia.
Esa decisión formal, con algunos momentos erráticos, se corresponde con el humor del protagonista. Los años como conductor de Weekend Update, las constantes y picantes bromas sobre O.J. Simpson que le trajeron problemas, las apariciones en programas de entrevistas y sus tramos como anfitrión de Norm Macdonald Live se suceden para darnos a conocer qué clase de humor hacía y porqué era diferente al resto de sus pares. Dos horas pasan sin esfuerzo, y la película logra algo difícil: que quien conoce a Norm lo disfrute como una celebración y que quien no lo conoce entienda de inmediato por qué los propios comediantes lo consideraban un maestro. Nunca fue una superestrella de estadios, y el documental no intenta fabricarle ese lugar. Prefiere mostrar su verdadera dimensión, la de un comediante de comediantes. No aparecen enteros algunos de sus chistes más largos, pero luego de ver el documental uno puede ir a buscarlos.
Hacia el final, la película se acerca a la enfermedad de Norm y su muerte a los sesenta y un años. Pero, aunque el tono melancólico se asoma y uno siente un nudo en la garganta, el humor de Norm MacDonald se mantiene hasta el cierre y nos protege. No se me ocurre mejor homenaje que redescubrirlo o descubrirlo en internet. Una vez que el algoritmo te empieza a mostrar a Norm MacDonald, la vida mejora mucho. Su genialidad está intacta. Gracias por tanto, Norm.

